Colaboraciones
13 de octubre de 2008
Tengamos el tráfico en paz
Asier Azpilikueta. Ekologistak Martxan - Iruñea
En septiembre se nos fueron la Semana de la Movilidad y el Día sin Coches. Y casi ni nos enteramos. El Día sin Coches cuenta, desde el año 2000, con el apoyo de la Comisión Europea, pero desde hace dos apenas lo menciona, y se centra en la Semana, que no molesta tanto. Así, en la página oficial www.mobilityweek.eu llevan dos años sin contabilizar las ciudades que participan en el Día.
Porque, claro, hablar de movilidad sostenible es fácil, pero a ver quién se pone manos a la obra. En la Semana se habla. En el Día sin Coches, se practica. El dicho; el hecho; el trecho.
Al principio, el Día sin Coches tuvo una gran cobertura mediática. Y se crearon interesantes polémicas en torno a los cortes de calles. Algunos vaticinaron el caos circulatorio. Pero se constató que lo único que pasaba es que los conductores pasaban. Que no dejaban el coche ni a tiros. Así que dejaron de cortar calles. Y se pusieron a hablar de movilidad sostenible; algo que realmente nunca practican.
Apenas hay políticas de movilidad que planteen una reducción del número de coches que circulan por la ciudad. Más bien, las políticas apoyan las tendencias insostenibles que hacen que el automóvil vaya ganando terreno, años tras año. Y las medidas que toman en defensa del transporte público, la bici o el peatón resultan tímidas, son aisladas y claramente insuficientes para revertir la tendencia, lo que se agrava por la existencia de una cultura prepotente del coche en la ciudad.
Hagamos amigos. Propongamos que eleven todos los pasos de cebra, y que los señalen y alumbren debidamente. Propongamos que en los pasos con semáforo, los peatones tengan exactamente el mismo tiempo para pasar que los coches. Propongamos que amplíen el ancho de las aceras. Propongamos que hagan carriles bici que vayan a todas partes. Propongamos que pongan aparcamientos para bicicletas por todos lados. Propongamos un transporte público frecuente y eficaz. Propongamos “entorpecer” el tráfico, para que no se puedan coger grandes velocidades. Propongamos construir ciudades compactas, y no “ecociudades” dispersas -léase la premiada Sarriguren- que obligan a coger el coche particular para todo. Propongamos crear más zonas peatonales o zonas con límite de 30…
¿Cuántos amigos hemos hecho? No nos ha dado tiempo a contarlos, porque a la segunda propuesta ya nos han espetado eso de que “¡los peatones cruzan por donde quieren!” o aquello de que “¡las bicis no respetan ningún semáforo!”.
Bien. Vayamos con lo primero. Los datos del Ayuntamiento de Pamplona dicen que, en 2007, hubo en la ciudad 166 atropellos que dejaron un balance de 140 heridos leves, 42 heridos graves, y 3 muertos. Tres muertos. Pues bien, en el 65% de los casos, el atropello fue responsabilidad de los conductores (en 98 atropellos no respetaron el paso de peatones). Y eso que la norma es clara: “Los conductores tienen prioridad de paso para sus vehículos, respecto de los peatones, salvo en los pasos para peatones debidamente señalizados”. Es decir, en los pasos de peatones, los vehículos nunca tienen prioridad con respecto a los peatones.
Y el Ayuntamiento activa un plan de seguridad vial hasta el 2010 para reducir los muertos por atropello en la ciudad, y la primera campaña informativa la dirige a las víctimas. “Porque el peligro es mayor de lo que crees, antes de dar un paso piénsatelo dos veces; a derecha e izquierda”, dicen. Y en la imagen del cartel aparece un peatón cruzando por un sitio en que no hay paso de cebra. ¿Pero qué pasa con esas 98 personas que fueron atropelladas por hacer lo que tenían que hacer? Esperamos con expectación la campaña dirigida a la máquinas asesinas.
Vista la manera en que muchos conductores atraviesan los pasos de peatones, deben de creer que conducir un coche les da más derechos que a los demás. Y eso no es cierto. Más bien debería ser al contrario. Conducir una maquina que contamina el aire, que rompe el silencio, y que puede matar, tendría que recortar derechos. Pero, claro, a ver quién es el valiente que defiende eso pretendiendo ganar unas elecciones.
Y eso de que los ciclistas se pasan todos los semáforos en rojo será verdad. Tan verdad como que muchísimos coches se saltan los semáforos en rojo o en ámbar. Sí. La norma dice que “una luz amarilla no intermitente significa que los vehículos deben detenerse en las mismas condiciones que si se tratara de una luz roja fija”. No dice que hay que acelerar. La norma tampoco dice que hay que pasar a toda velocidad cuando se acaba de poner rojo. No hay más que detenerse junto a cualquier semáforo de la ciudad, y ver cuántos coches hacen eso que achacan a las bicis. ¿Y quién lleva un arma potencial en las manos, el ciclista o el conductor? ¿A quién hay que bajarle los humos?
Tal y como demuestran todos los estudios, la contaminación del aire en nuestras ciudades es causada sobre todo por los tubos de escape de los vehículos. Se calcula que en un 80%. Los contaminantes más problemáticos en las ciudades son las partículas en suspensión (PM10), que son los que más problemas de salud provocan, el dióxido de nitrógeno (NO2), y el ozono troposférico (O3). Todos ellos tienen como origen, en gran medida, los tubos de escape de los coches. La única forma de conseguir reducciones en los niveles de contaminación pasa por la elaboración y puesta en práctica de planes de mejora de la calidad del aire, tal y como exige la ley. Estos planes, necesariamente, deben plantear restricciones al principal causante de la mala calidad del aire, el tráfico de automóviles.
Reducir la capacidad del viario para los coches permite modos de vida más saludables para todos los ciudadanos, y lleva aparejados una mejora en la calidad del aire, menor ruido, y más espacio para la gente. Hay que pacificar el tráfico. Por todos.






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